Cambio Climático y Gestión de Especies

El ser humano y el planeta se enfrentan a una de las mayores amenazas para el futuro de ambos: el cambio climático. A día de hoy, el cambio climático es una realidad. Nadie puede negar ya sus efectos y los científicos a nivel mundial nos han avisado en varias ocasiones. Aún estamos a tiempo de frenar sus efectos.

A causa de ello, la conservación de la biodiversidad y la restauración de ecosistemas vulnerables suponen un gran reto, sobre todo en regiones áridas. Esto supone nuevos retos y el diseño de nuevas herramientas que nos ayuden a ganar la batalla, y la Restauración Ecológica se postula como una de las mejores.

Numerosos estudios nos aportan información sobre cómo responderían los distintos grupos de organismos y comunidades ante el calentamiento global del planeta, pero la realidad es que, como suele ocurrir en este y otros casos, estos datos apenas se han empleado para establecer medidas concretas de gestión que permitan minimizar los impactos del cambio climático sobre las especies y los ecosistemas. Esto demuestra una vez más, que las estrategias de gestión y restauración del medio natural, deben basarse en el conocimiento científico y que debe haber una mayor y más eficiente comunicación entre gestores, técnicos y el mundo de la ciencia.

 

Pero los estudios científicos también deben mejorar. La mayoría de trabajos centrados en cómo afectará el cambio climático a las especies, se centran en modelos de distribución de especies. Estos modelos se basan en las variables climáticas y como se relacionan con la distribución de una especie. Con esta información se generan mapas de idoneidad climática. Esto puede hacerse estimando las variables climáticas futuras, por lo que podemos obtener mapas de distribución de especies en un futuro hipotético. Este tipo de modelos, tienen una alta incertidumbre, pero además si los proyectamos sobre escenarios futuros de cambio climático la incertidumbre es aún mayor. Aun así estos modelos son una de las pocas herramientas de las que disponemos para anticipar los efectos del cambio climático sobre las especies y pueden ser de gran utilidad para adaptar planes de gestión de especies ya que nos permiten ver cómo variará el área de distribución de la especie y con ello podemos priorizar la gestión, conservación y restauración sobre áreas que previsiblemente actuarán como refugio al variar las condiciones climáticas.

Aunque los modelos de distribución de especies resultan útiles, debemos ampliar la información y no basarnos solo en dónde se encontrarán las condiciones climáticas adecuadas en un futuro, sino que debemos tener en cuenta otros parámetros y evaluar la capacidad real de las especies para dispersarse y acceder a nuevas regiones con condiciones favorables ya que, aun existiendo la zona climática adecuada, puede que esta sea inaccesible si la especie no tiene la suficiente capacidad de dispersión. Se deberían por tanto establecer modelos híbridos que acoplen modelos de distribución con otros capaces de simular migración y persistencia y con ello, proponer medidas de actuación precisas que faciliten la gestión, y no medidas poco concretas y centradas en priorizar nuevas áreas a proteger, como se viene haciendo en muchos casos en la actualidad.

Fuente: Revista Ecosistemas